Juguetes, huellas y caracoles

El domingo 6 de agosto partió temprano una nueva Expedición a Puerto Piojo.
En esta oportunidad, nos propusimos ampliar la investigación del territorio invitando a diversas personas que, por sus formaciones e intereses, nos darían la oportunidad de acercarnos a Puerto Piojo con otra mirada.

Desde La Plata llegaron Javier Beruhard y Juan Cruz Medina, biólogos e integrantes del Centro Regional de Estudios Socioambientales de Berisso.

Participó Marcelo Weissel de la Fundación Azara con su proyecto “Antropodinamia de la Cuenca Matanza Riachuelo 3. Tácticas para arqueólogos del futuro”.

Y también estuvieron Matilde Lanza, arqueóloga, Hernán Hayet, músico y artista sonoro,

Hugo de la Paz, amigo y visitante asiduo de Puerto Piojo, y nuestros aliados del Club de Regatas Almirante Brown: Roberto Naone, Alexis Weissel, Coquito Teodori, Daniela Monti y Mariano Ramírez.


Les contamos a nuestros invitados que estamos armando el Museo Puerto Piojo. En este museo ficcional exhibiremos el patrimonio del Archivo Abierto y Colaborativo Puerto Piojo, incorporando una sección de relevamiento y muestras de distintas especies vegetales, material geológico y objetos recuperados de la playa y su entorno.


Apenas llegados, el grupo expedicionario se desplegó por el paisaje iniciando sus investigaciones.

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El río estaba replegado y dejaba la playa al descubierto, inmensa.

Se realizaron avistajes de más de veinte especies de aves: garzas , gaviotas , chimangos, chingolos…

Javier y Juan Cruz, nos enseñaron a reconocer a los mbiguá, aves que abundan en  la región ribereña y que habitualmente confundíamos con patos.

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Realizamos un relevamiento fotográfico del avance de la obra de la empresa Aysa en la zona, reconociendo las modificaciones que está generando en el paisaje.
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La marea baja nos facilitó la búsqueda de objetos. Estaban encallados en la arena. Había redes de pesca, salvavidas, ruedas de autos y toda la variedad existente de plásticos. Estaban acumulados en las playas de Puerto Piojo.

También pudimos identificar especies de vegetación nativa presentes en la zona como los sauces rioplatense, ceibos, colas de zorrro y sarandíes.

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Tomamos muestras de agua y de limo. Registramos las diferentes huellas que habitan la playa.

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Antes de irnos, devolvimos un caracol al río y nos llevamos envasado el aire de Puerto Piojo


Fotos de Sonia Neuburger, Pablo Caracuel y Carlos Gradín.
Texto de Carolina Andreetti
Producción: Expediciones a Puerto Piojo

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PUERTO PIOJO TV

YA SE PUEDEN VER LOS VIDEOS DE LAS EXPEDICIONES A PUERTO PIOJO

Están disponibles en el canal Puerto Piojo TV de Youtube:
https://www.youtube.com/channel/UCDBl9oRbLtdFiqcLaDjQmrA

Los videos documentan el regreso a Puerto Piojo, la última playa de Buenos Aires, a 40 años de su cierre definitivo.

Fueron filmados durante las Expediciones organizadas desde enero de 2015 para explorar la playa ubicada sobre el Río de la Plata en Dock Sud, junto a la desembocadura del Riachuelo.

Las visitas fueron organizadas por el grupo de las Expediciones… junto al Club de Regatas Almirante Brown, con la participación de un amplio público interesado en conocer la playa.

Puerto Piojo TV seguirá publicando materiales y registros relacionados con las actividades del grupo y la investigación en marcha sobre la historia de Puerto Piojo, su paisaje y sus posibles usos, tanto reales como imaginarios

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Caminar los bordes de la ciudad. Del Puerto a Costa Salguero

El acto de andar transforma el espacio. Estar ahí, nos modifica y también transforma nuestra percepción de un lugar. Eso dice Francesco Careri * y nos empuja con sus palabras a caminar por la ciudad para hacernos parte del paisaje.

El domingo 24 de junio, nos volvimos a reunir con el Colectivo Ribereño para producir una nueva acción de alcanzar el río. Esta vez nos lanzamos a caminar por el Puerto para llegar hasta el predio de Costa Salguero.

Partimos del Hotel de Los Inmigrantes, esta emblemática construcción que fue albergue para los inmigrantes europeos y hoy se encuentra lindante con otro edificio donde se tramitan las residencias de lxs migrantes actuales.

En la orilla del río se construyó este espacio de pasaje entre el adentro y el afuera, ese otro borde, nos decía Antolín Magallanes. Buenos Aires tiene varios bordes, uno sobre otro y se preguntaba, antes de comenzar a caminar, porqué la ciudad había crecido sobre el río alejando sus costas casi 2 kilómetros, en vez de adentrarse en sus pampas.

 

 

Comenzamos a andar hacia el norte por la Av. Antártida Argentina cruzando las vías del ferrocarril y giramos hacia el este, perpendicular al Río de la Plata que intuíamos cerca, pero ni siquiera avistamos .

Entramos por las veredas anchas de Comodoro Py, la avenida tiene un boulevard en el medio. Rejas y vigilancia en los edificios de la Armada, el tribunal de Justicia, custodia militar y tanques de guerra se ven como ornamento en los jardines del edificio Libertad.

 


Detrás de los altos vallados se asoman las grúas por la Av. Castillo. Es un domingo nublado, la única actividad visible parece ser nuestra caminata y los autos que a toda velocidad se pierden en las curvas de la avenida.

 

Dejamos atrás el Hospital ferroviario, fantasmal y abandonado desde finales de los años 90’. Barcos y trenes, fueron aliados, en algún momento de nuestra historia.En el centro de la Avenida Castillo, quedan estacionados camiones de carga vacíos.Playones con contenedores que se acumulan en altas pilas, se van sucediendo a un lado y otro del camino. La autopistas corre no muy lejos y por algunos tramos, se asomán los tanques de agua y las casas más altas del Barrio Carlos Mujica – Villa 31 de Retiro.

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Al río vamos a llegar, no  ? pregunta alguien.
La última curva de la avenida nos deja en la Dársena F. El paisaje cambia, algo del Antiguo Puerto Nuevo se llega a ver en el lugar.

 

Es un momento de descanso. Hay mate y conversaciones en las escalinatas de cemento.
Enfrente se ve el majestuoso edificio de la Usina Eléctrica que convive con los contenedores llegados del otro lado del mar. Las grúas amarillas y naranjas detenidas a los lados más algunos cascos de embarcaciones oxidadas y tanques plateados completan el paisaje.

 


La vegetación es frondosa cerca de las orillas con bancos de arena, el río ya se intuye más cerca. Alguien levanta muestras del suelo arenoso. Otros discuten sobre las especies de pájaros que se pierden en los árboles.

Continuamos caminando por una vereda muy angosta, bordeando la dársena. Es una zona de empresas areneras. Su infraestructura flota sobre las orillas del canal. Hay barcos que parecen amarrados desde siempre. Un perro nos sorprende ladrando desde una escotilla.

 


El tripulante de una embarcación hace chillar la manivela que levanta lentamente una manguera. Un grupo de caminantes se detiene hipnotizado por el trabajo naval.

 


Cada vez más cerca del río abierto, algunos pescadores solitarios prueba suerte en el canal.
Un cartel nos indica que llegamos al Paseo Costanero. Una vereda de cemento hace las veces de orilla del río. Una larga línea de cañas marca el territorio de la actividad pesquera del domingo. Familias, parejas y paseantes aprovechan los escasos espacios verdes con que cuenta la porción pública para recostarse en el pasto.

 


Esta costanera artificial de 200 metros es lo máximo que se obtuvo para el uso público tras sucesivas batallas legales contra las empresas que explotan el predio de Costa Salguero. Diversos modelos de vallados se levantan en los bordes del predio privatizado. Unos niños, del otro lado de un vidrio, miran curiosos, la llegada de lxs caminantes. En otro sector separado por redes, se juega un campeonato de futbol 5. Más allá en un bar, lo que parecen ser los restos de un cumpleaños, se desparraman por el suelo.

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Un pescador agrega otra palometa al balde.
La tarde va cayendo y el horizonte se pone más plateado aún. Llegamos al río que ahora se nos abre inmenso y cercano.

Nota: Agradecemos a Facundo Di Filippo por acercarse a la Caminata y explicar la situación legal del predio de Costa Salguero usurpado por las empresas que impiden el acceso a las orillas del río.

 

Wallkscape. EL andar como práctica estética, Francesco Careri.
Editorial Gustavo Gili ( 2002)

 

Fotos de Sonia Neuburger y Juliana Ceci. Texto de Carolina Andreetti
Producción: Colectivo Ribereño

 

Una caminata a la Isla de Marchi

El sábado 8 de abril organizamos una caminata. Hicimos una convocatoria abierta a explorar la Isla Demarchi, fuimos con el Colectivo Ribereño.

Vino mucha gente. Más de la que esperábamos. Después, charlando mientras avanzábamos, escuchamos algunos motivos. Eran parecidos a los nuestros: conocer una zona perdida de la Ciudad, saber qué hay en los terrenos desde hace tiempo anunciados en las tapas de los diarios, una zona siempre a punto de convertirse en un negocio inmobiliario, envuelta en rumores.

Nos presentamos, reunidos en las escalinatas de la Costanera Sur, al pie del Espigón Plus Ultra, frente a la Fuente de las Nereidas de Lola Mora. Era una tarde fresca, se anunciaba lluvia.

Enfilamos por Avenida España hacia el sur. No había tránsito, la avenida parecía un playón de estacionamiento ocupado por camiones. A un costado, pasamos por la puerta de entrada a la Villa Rodrigo Bueno, llegamos a ver un gran pasillo construido sobre terrenos ganados al río, rodeados de matorrales.

En seguida, el inmenso predio de la Antigua Ciudad Deportiva de Boca. Entre la vegetación se distinguían restos de los edificios, las ruinas de lo que fue el intento de crear un parque público con vista al río en los años ’60, y todo lo que queda del proyecto de construir un nuevo estadio financiado mediante la venta de bonos a sus hinchas.

Los terrenos se vendieron en los ’90. La ciudad nunca los recuperó, hoy son propiedad de la empresa IRSA y su plan es construir un barrio de lujo.

“La fuente la diseñó Polesello”, dijo alguien cuando nos asomamos. “El del Di Tella”.

Más allá se extendía la Avenida.  íbamos a recorrerla hasta el final.

Seguimos por el pavimento cubierto de pasto. La baranda de cemento de la costanera sigue en pie como en los tiempos en que se podía asomar al río, antes del relleno. Seguimos entre señales oxidadas de la Municipalidad. Y llegamos al monumento a España, con los reyes y los conquistadores de bronce, abandonados en un rincón de calles cortadas.

“En el Observatorio Naval está el reloj atómico”, contó un señor con décadas de taller mecánico.  “Da la hora oficial, la del 113. Y se transmite por radio. Son pitidos, se oyen por una frecuencia, todo el día. Todavía se usan para guiarse en la navegación, para leer las cartas”.

Unos ochocientos metros más adelante, la Avenida España giraba hacia la izquierda, sin otra salida salvo enfilar hacia el este, rumbo al río. Alrededor, todo era predios vallados, baldíos y rejas. Y pedazos de ciudad vistos a lo lejos.

Mientras avanzábamos la charla volvía sobre dudas. ¿Qué es la Isla Demarchi? No estaba claro, nada era concluyente. ¿Quiénes la usan? ¿Son terrenos del Estado? ¿Es una isla? ¿Se puede ir caminado? ¿Desde cuándo?

Pasamos por una sucesión de astilleros. Tras las rejas alcanzamos a ver un submarino montado sobre pilotes. Alguien reconoció la silueta del rompehielos Irizar asomado entre galpones, amarrado en la boca de la Dársena, sobre el Riachuelo.

La Avenida se internaba en una zona arbolada. De un lado los galpones, y los edificios de la Armada. Del otro se extendía un pastizal con desniveles. Se asomaba al fondo una estructura como los trampolines de una pileta abandonada.

Cada tanto, un colectivo o un auto pasaba a toda velocidad, y frenaba a desgano. Parecían sorprendidos por la cantidad de peatones.

Veinte minutos después divisamos el final del camino.

Tras el ingreso al Complejo Industrial Naval Argentino, se abría un predio enrejado. Habíamos pasado por una parada de colectivos y una caseta de Prefectura. Un monte de árboles y pastos densos parecía una señal de un vasto terreno sin edificar, hacia la zona de la Ciudad Deportiva. Del otro lado, más barcos amarrados a un río que apenas veíamos, recortado entre los árboles.

Era el ingreso a la Central Costanera Sur. A un costado, el estacionamiento. En el ingreso, guardias de seguridad y empleados de la Central que salían de su jornada de trabajo mientras llegaba nuestra columna de caminantes. Nos saludamos, de alguna manera, reconociéndonos a la distancia.

Habíamos llegado al final de la Isla. Habíamos caminado por toda el área abierta al público. En los celulares, sintonizando el Google Maps, algunos en la columna reconocían caminos trazados en la Isla por fuera de la Avenida, desvíos que se internaban hacia el centro.

Estábamos a pocos metros del río. Pero apenas llegábamos a divisarlo entre los edificios de la Central y los autos estacionados, al fondo, tras las rejas.

A un costado, un enorme zanjón se internaba en la vegetación. Un curso de agua brotaba con fuerza por un túnel y se acumulaba en un piletón antes de escurrirse hacia el río, aunque no llegábamos a abarcar su recorrido.

Sobre una baranda a la que se accedía por una barranca se apoyaban grupos de pescadores, algunos con reposeras y radios, a la espera de los bagres. El calor de la Central, la planta de electricidad que alimenta a buena parte de la Ciudad, se transmite al agua como sistema de refrigeración, y esta temperatura, dicen, atrae peces. En días más soleados se llena.

Mientras hacíamos tiempo, antes de volver, surgió una charla inspirada en la Isla. Una oficial de Prefectura se acercó a preguntarnos quiénes éramos y qué estábamos haciendo. Ezequiel, miembro del Colectivo, le respondió preguntándole a su vez por qué no podíamos seguir con la caminata, por qué no había un camino para acercarnos al río, pasear por la orilla, sentarnos a mirar el horizonte. Un artículo del código civil especifica que las márgenes de los ríos y lagos son de uso público y libre, argumentó.

El tema se debatió en extenso con la Prefecta y entre integrantes de la expedición.

Antes de volver nos sacamos una foto.

 

Abril de 2017

Fotos: Sonia Neuburger, Juliana Ceci // Texto: Carlos Gradin

Expediciones a Puerto Piojo / www.expedicionesapuertopiojo.wordpress.com
Ribera BA Centro de Estucios / www.riberaba.org.ar
Club de Regatas Almirante Brown / https://www.facebook.com/regatasbrown/
 

Estuvimos en las Quintas de Sarandí

El sábado 26 de noviembre del año pasado estuvimos con Expediciones a Puerto Piojo recorriendo la selva marginal que cubre la extensa zona de las Quintas que antecede a la ribera de Sarandí y Villa Domínico en Avellaneda.

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Nuestro guía fue Jose Omar Albornoz quien visita periódicamente la zona desde hace más de 20 años y es un guerrero incansable en la defensa de este pulmón verde natural que recicla la purlulenta contaminación de la zona sur.

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Partimos desde la Escuela Municipal de Canotaje de La Saladita ( Hernán Cortez y Solís, en Sarandí ) Cruzamos el Acceso Sudeste, la autopista Buenos Aires-La Plata y ahí nomás, nos bajamos del micro.

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José nos contó del proyecto que desarrolló junto a otros colegas, para crear una Reserva Ecológica bajo administración provincial y municipal. El proyecto abarcaba 120 hectáreas de zona verde con acceso al Río de la Plata. Contemplaba la presencia de guardaparques, miradores, un proyecto educativo de ecología y medio ambiente y recuperaba este área para el uso público. El cambio de gobierno dió marcha atrás al proyecto y la Reserva quedó reducida a 40 hectáreas bajo la supervisión de la Municipalidad de Avellaneda.

 Comenzamos la caminata que lentamente nos introdujo en la selva ribereña. Nos detuvimos en algunos lugares en los que José nos contó historias como la Clínica del Dr.Francia, un hospital psiquiátrico abandonado hace muchos años, del que se conocen misteriosos relatos. Nos cruzamos con quinteros que defienden la identidad del lugar a fuerza de permanencia y tozudez rechanzando ofertas económicas para vender los terrenos.

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Los senderos se fueron haciendo cada vez más estrechos y sobre nuestras cabezas la vegetación se cerraba. La selva marginal nos rodeaba con lianas, árboles añosos, lagunitas fosforescentes y nos regalaba ciruelas silvestres. Es difìcil entender cuando tanta frondosa belleza te rodea, que a pocos metros, la autopista corre a toda velocidad.

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Pero casi como un signo de nuestras costas, la selva nativa ribereña de Sarandíse encuentra cercada por terrenos en desmonte para la construcción de una planta industrial, por un autódromo privado o por un basural.

Jose insiste y afirma, que sin intervención del estado, esta zona corre con la amenaza de desaparecer.

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Parece que siempre estamos perdiendo nuestra costas. Las perdemos porque no las conocemos, porque otros las olvidaron. Porque es muy complicado llegar hasta alli o porque se convierten en valiosos terrenos para el desarrollo inmobiliario.

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Pero la selva nativa de la costa vive, respira, crece y se expande.

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Quizás se trate llevar más seguido nuestros cuerpos hasta hasta su sombra, activar la experiencia de recorrerla, para volver a desearla, embarrarnos las zapatillas y ocupar los espacios públicos costeros con nuestra presencia

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La lluvia de la tarde nos impidió llegar hasta el río. Pero pudimos conocer alguna de las varias quintas que todavía producen el famoso vino de la costa, como los viñedos Paissan.

Con un licor de uva en la mochila, nos volvimos a la ciudad cercana y lejana, planeando la próxima Expedición.

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(Ubicación de la zona de Quintas de Sarandí en Avellaneda, entre los arroyos Sarandí y Santo Domingo).

Fotos y texto: Carolina Andreetti

Las moras de Puerto Piojo

Desde que empezamos a investigar la historia de las playas de Puerto Piojo, fuimos encontrando indicios desperdigados que hablaban de su paisaje, cuando todavía no terminábamos de hacernos una idea de cómo sería una orilla de arena a metros del polo industrial de Avellaneda.

Al principio eran recuerdos aíslados, que oíamos en charlas con vecinos, o descubríamosen algún libro de historia de Dock Sud, que mencionaba las  playas, sin muchas precisiones.

Después de la muestra en Proa, fuimos encontrando cada vez más datos que nos permitieron empezar a completar la historia.

En los comentarios de Facebook, por ejemplo, los encontramos en un post del grupo Doke en la memoria, que publicó un aviso de la muestra, en donde varios usuarios dejaban recuerdos sobre su paso por las playas de Avellaneda en su infancia, y hasta una foto de su paisaje en la actualidad.

“… nuestra aventura era llegar hasta Puerto Piojo con los siguientes objetivos, bañarnos en lo que era un agua limpia, empacharnos comiendo moras en la buena cantidad de árboles que había en la zona y, por último, visitar la carcaza hundida de un lanchón donde se había filmado una escena de la película Apenas un delincuente, donde Tito Alonso escondía el dinero robado…” , decía Julio Teri.

 

Puerto Piojo - Doke

Charla y proyección en PROA. Sábado 6 de junio de 2015. Primera parte.

Las películas filmadas por Alfredo Rodríguez, en 8mm, en los años ’60 y ´70, en sus años de remero en el Club Regatas Avellaneda, fueron uno de los materiales más importantes de nuestra investigación, a medida que recopilábamos testimonios de quienes visitaban Puerto Piojo en aquellos años, muchos de ellos registrados en las películas de Alfredo, en días de reuniones y remos a orillas del Riachuelo. 10494521_746248465413442_482997488237559534_n Esas películas quisimos proyectar en Proa, como uno de las últimas actividades relacionadas con la muestra, y una manera de reunirnos con todos los protagonistas de la investigación,  en una charla en la que también presentamos filmaciones de la primera visita colectiva a Puerto Piojo. 10603588_916283895076564_4934863941193137950_n Remeros y remeras del Avellaneda y el Almirante Brown se acercaron con amigos y familiares, también interesados en ver las imágenes del remo y las playas en los canales de Dock Sur y el Riachuelo, novedosas para ellos como para nosotros. 11337053_10203911207295378_8001211634405289862_o Desde la primera fila, Alfredo Rodríguez fue relatando las películas sin sonido, recordando amigos y lugares del Riachuelo, registrados por su cámara en las excursiones desde la rampa del Regatas Avellaneda hacia su desembocadura, atravesando el puerto e internándose en el canal Dock Sur. 11406768_916283655076588_2115713892762652724_n El fragmento de un antiguo noticiero, con imágenes de Puerto Piojo, y noticias de una playa semi-desconocida, fue la breve introducción al programa del día (en la foto, Juan Carlos “Tato” Pérez, instructor del Avellaneda, y Alfredo,  junto a Carolina Andreetti, remera de Expediciones…). Puerto Piojo - noticiero Con la textura adquirida tras años de almacenamiento en cajas y desvanes, las películas habían sobrevivido inundaciones y traslados, y fueron rescatadas recientemente para la muestra, como relató Alfredo, a medida que se sucedían las escenas de la vida cotidiana en el club, el arrastrar de los botes hasta el agua, el empuje de los remos, el saludo de los amigos desde la orilla, las manchas de petróleo, los barcos semihundidos, los puentes de hierro, el paisaje industrial de Avellaneda y La Boca, lleno de anécdotas. 10491189_746248618746760_2991301187935133720_n

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10478435_746248735413415_5367643582958853886_n Los recuerdos se sucedían mientras circulaba el micrófono por la sala: los asados preparados en el tronco de un ombú de Puerto Piojo, los modelos de botes de remo utilizados en el Riachuelo, las competencias entre clubes, las chicanas entre los del Brown y el Regatas, los viajes de exploración, otros asados en la Escollera Norte. 10501761_746252782079677_2945147811126646428_n

1610766_746252255413063_5745519325040028503_n Los más memoriosos eran capaces de reproducir los nombres de los antiguos barcos encallados en la orilla de Barracas.  Alguien evocó la expedición de un bote de intrépidos, que un día se fueron remando río arriba y llegaron al Reconquista, empalmaron el Paraná y llegaron hasta el Tigre…

continuará…

Fotos: Sonia Neuburger, Juliana Ceci, Mariano Rodríguez. Película: Alfredo Rodríguez.

Buscando la última playa de Buenos Aires.