Una caminata a la Isla de Marchi

El sábado 8 de abril organizamos una caminata. Hicimos una convocatoria abierta a explorar la Isla Demarchi, fuimos con el Colectivo Ribereño.

Vino mucha gente. Más de la que esperábamos. Después, charlando mientras avanzábamos, escuchamos algunos motivos. Eran parecidos a los nuestros: conocer una zona perdida de la Ciudad, saber qué hay en los terrenos desde hace tiempo anunciados en las tapas de los diarios, una zona siempre a punto de convertirse en un negocio inmobiliario, envuelta en rumores.

Nos presentamos, reunidos en las escalinatas de la Costanera Sur, al pie del Espigón Plus Ultra, frente a la Fuente de las Nereidas de Lola Mora. Era una tarde fresca, se anunciaba lluvia.

Enfilamos por Avenida España hacia el sur. No había tránsito, la avenida parecía un playón de estacionamiento ocupado por camiones. A un costado, pasamos por la puerta de entrada a la Villa Rodrigo Bueno, llegamos a ver un gran pasillo construido sobre terrenos ganados al río, rodeados de matorrales.

En seguida, el inmenso predio de la Antigua Ciudad Deportiva de Boca. Entre la vegetación se distinguían restos de los edificios, las ruinas de lo que fue el intento de crear un parque público con vista al río en los años ’60, y todo lo que queda del proyecto de construir un nuevo estadio financiado mediante la venta de bonos a sus hinchas.

Los terrenos se vendieron en los ’90. La ciudad nunca los recuperó, hoy son propiedad de la empresa IRSA y su plan es construir un barrio de lujo.

“La fuente la diseñó Polesello”, dijo alguien cuando nos asomamos. “El del Di Tella”.

Más allá se extendía la Avenida.  íbamos a recorrerla hasta el final.

Seguimos por el pavimento cubierto de pasto. La baranda de cemento de la costanera sigue en pie como en los tiempos en que se podía asomar al río, antes del relleno. Seguimos entre señales oxidadas de la Municipalidad. Y llegamos al monumento a España, con los reyes y los conquistadores de bronce, abandonados en un rincón de calles cortadas.

“En el Observatorio Naval está el reloj atómico”, contó un señor con décadas de taller mecánico.  “Da la hora oficial, la del 113. Y se transmite por radio. Son pitidos, se oyen por una frecuencia, todo el día. Todavía se usan para guiarse en la navegación, para leer las cartas”.

Unos ochocientos metros más adelante, la Avenida España giraba hacia la izquierda, sin otra salida salvo enfilar hacia el este, rumbo al río. Alrededor, todo era predios vallados, baldíos y rejas. Y pedazos de ciudad vistos a lo lejos.

Mientras avanzábamos la charla volvía sobre dudas. ¿Qué es la Isla Demarchi? No estaba claro, nada era concluyente. ¿Quiénes la usan? ¿Son terrenos del Estado? ¿Es una isla? ¿Se puede ir caminado? ¿Desde cuándo?

Pasamos por una sucesión de astilleros. Tras las rejas alcanzamos a ver un submarino montado sobre pilotes. Alguien reconoció la silueta del rompehielos Irizar asomado entre galpones, amarrado en la boca de la Dársena, sobre el Riachuelo.

La Avenida se internaba en una zona arbolada. De un lado los galpones, y los edificios de la Armada. Del otro se extendía un pastizal con desniveles. Se asomaba al fondo una estructura como los trampolines de una pileta abandonada.

Cada tanto, un colectivo o un auto pasaba a toda velocidad, y frenaba a desgano. Parecían sorprendidos por la cantidad de peatones.

Veinte minutos después divisamos el final del camino.

Tras el ingreso al Complejo Industrial Naval Argentino, se abría un predio enrejado. Habíamos pasado por una parada de colectivos y una caseta de Prefectura. Un monte de árboles y pastos densos parecía una señal de un vasto terreno sin edificar, hacia la zona de la Ciudad Deportiva. Del otro lado, más barcos amarrados a un río que apenas veíamos, recortado entre los árboles.

Era el ingreso a la Central Costanera Sur. A un costado, el estacionamiento. En el ingreso, guardias de seguridad y empleados de la Central que salían de su jornada de trabajo mientras llegaba nuestra columna de caminantes. Nos saludamos, de alguna manera, reconociéndonos a la distancia.

Habíamos llegado al final de la Isla. Habíamos caminado por toda el área abierta al público. En los celulares, sintonizando el Google Maps, algunos en la columna reconocían caminos trazados en la Isla por fuera de la Avenida, desvíos que se internaban hacia el centro.

Estábamos a pocos metros del río. Pero apenas llegábamos a divisarlo entre los edificios de la Central y los autos estacionados, al fondo, tras las rejas.

A un costado, un enorme zanjón se internaba en la vegetación. Un curso de agua brotaba con fuerza por un túnel y se acumulaba en un piletón antes de escurrirse hacia el río, aunque no llegábamos a abarcar su recorrido.

Sobre una baranda a la que se accedía por una barranca se apoyaban grupos de pescadores, algunos con reposeras y radios, a la espera de los bagres. El calor de la Central, la planta de electricidad que alimenta a buena parte de la Ciudad, se transmite al agua como sistema de refrigeración, y esta temperatura, dicen, atrae peces. En días más soleados se llena.

Mientras hacíamos tiempo, antes de volver, surgió una charla inspirada en la Isla. Una oficial de Prefectura se acercó a preguntarnos quiénes éramos y qué estábamos haciendo. Ezequiel, miembro del Colectivo, le respondió preguntándole a su vez por qué no podíamos seguir con la caminata, por qué no había un camino para acercarnos al río, pasear por la orilla, sentarnos a mirar el horizonte. Un artículo del código civil especifica que las márgenes de los ríos y lagos son de uso público y libre, argumentó.

El tema se debatió en extenso con la Prefecta y entre integrantes de la expedición.

Antes de volver nos sacamos una foto.

 

Abril de 2017

Fotos: Sonia Neuburger, Juliana Ceci // Texto: Carlos Gradin

Expediciones a Puerto Piojo / www.expedicionesapuertopiojo.wordpress.com
Ribera BA Centro de Estucios / www.riberaba.org.ar
Club de Regatas Almirante Brown / https://www.facebook.com/regatasbrown/
 
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5 comentarios en “Una caminata a la Isla de Marchi”

  1. Me parece muy bueno que se recupere el poder pasear a orilla del río de la plata. Acá en dock sur no podemose caminar porque exolgan corto todo el puerto. Esa foto que se sacan donde estan pescando a la salida del agua caliente de la central y sostienen un cartel de puerto piojo no tiene nada que ver con ese lugar
    Tengo 73años y conozco mucho este hermoso doke Y además nací en la isla maciel Si necesitan alguna información a sus ordenes.chau

    1. Hola Jorge, si es cierto, el cartel de Puerto Piojo tiene que ver con el proyecto que nos reune.
      La Expedición a al Isla demarchi la organizamos desde el Colectivo Ribereño, pero aún no tenemos bandera !
      pero beno, de todos modos , sirvió para que nos escribas. Si te interesa te avisamos de las visitas a Puerto Piojo.
      un saludo ! y gracias por escribir

  2. Hola me pueden mantener informada de las salidas/ excursiones que realizan. No vivo en la ciudad pero viajo regularmente y me interesa. Gracias silvia

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