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Textos y otros materiales relacionados con Puerto Piojo y el Riachuelo en la zona de La Boca y Dock Sud

Las moras de Puerto Piojo

Desde que empezamos a investigar la historia de las playas de Puerto Piojo, fuimos encontrando indicios desperdigados que hablaban de su paisaje, cuando todavía no terminábamos de hacernos una idea de cómo sería una orilla de arena a metros del polo industrial de Avellaneda.

Al principio eran recuerdos aíslados, que oíamos en charlas con vecinos, o descubríamosen algún libro de historia de Dock Sud, que mencionaba las  playas, sin muchas precisiones.

Después de la muestra en Proa, fuimos encontrando cada vez más datos que nos permitieron empezar a completar la historia.

En los comentarios de Facebook, por ejemplo, los encontramos en un post del grupo Doke en la memoria, que publicó un aviso de la muestra, en donde varios usuarios dejaban recuerdos sobre su paso por las playas de Avellaneda en su infancia, y hasta una foto de su paisaje en la actualidad.

“… nuestra aventura era llegar hasta Puerto Piojo con los siguientes objetivos, bañarnos en lo que era un agua limpia, empacharnos comiendo moras en la buena cantidad de árboles que había en la zona y, por último, visitar la carcaza hundida de un lanchón donde se había filmado una escena de la película Apenas un delincuente, donde Tito Alonso escondía el dinero robado…” , decía Julio Teri.

 

Puerto Piojo - Doke

CRAB

Mientras buscábamos más datos sobre la historia de Puerto Piojo conocimos a Roberto Naone, otro investigador que lleva años dedicado a la búsqueda de fotos, documentos y demás papeles relacionados con la historia del Club Regatas Almirante Brown, uno de los clubes de remo más antiguos de los que alguna vez funcionaron en las aguas del Riachuelo.

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Creado en La Boca en 1925, en el Cuartel de Bomberos Voluntarios, unos años después los socios del Brown lograron adquirir un terreno en la Isla Maciel, del otro lado del río, donde instalaron su galpón de botes, con rampa de acceso al agua sobre el Arroyo Maciel, que luego se iría ampliando para albergar otras actividades, como un salón de fiestas y una cancha de básquet.

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Desde entonces, los remeros del C.R.A.B. compitieron en infinidad de Regatas Oficiales, ganando 105, además de participar de una Representación Olímpica en Londres 1948 con el remero Oscar Almirón.

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Cuando Naone supo de la historia del Brown, hace unos años, se sorprendió al enterarse que las aguas del Riachuelo -“las más contaminadas del mundo”, según dicen- habían sido un lugar de entrenamiento de remeros; y se decidió a contactar a los antiguos socios del club, y a reconstruir su historia, recopilando fotos, recortes de revistas, trofeos guardados y olvidados en repisas, y hasta botes de madera, cubiertos de polvo y trastos viejos en galpones de la zona.

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La etapa más complicada del Brown comenzó con su exhilio, en 1968, cuando sus socios se vieron obligados a abandonar su sede por el entubamiento del arroyo Maciel, dispuesto por Vialidad Nacional, para completar las obras de la autopista Buenos Aires – La Plata, que los llevó a perder su salida al agua, su acceso al Riachuelo, y con ella su actividad más preciada.

El club logró seguir adelante gracias a negociaciones con Vialidad, que lograron asegurarle un espacio donde instalarse en Dock Sud, ya a orillas del Río de la Plata, donde los remeros siguieron practicando hasta principios de los años ’80, cuando la tenencia del predio les fue anulada, y las promesas de una reparación por parte de Vialidad nunca se cumplieron.

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Con el impulso de antiguos socios y remeros, en 2007 vuelven a organizarse reuniones del CRAB, y se programan actividades de remo en el Riachuelo para dar a concer la historia del club y buscar una salida a sus años de éxodo, mientras se recuperan antiguos botes y el club recibe la solidaridad de las organizaciones del barrio.

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En las fotos, se ve a Juliana Ceci, de Expediciones…, navegando por Vuelta de Rocha junto a dos socios del CRAB.

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Aquél día se realizó una producción audivisual sobre la historia del CRAB, dirigida por Agustín Brown, nieto “chozno” de sexta generación del Almirante Brown, el primer almirante de la fuerza naval argentina, en cuyo homenaje fue bautizado el club.

De Avellaneda a la Dársena Inflamable

Ida y vuelta con Alfredo, nuestro hombre en el Club Regatas de Avellaneda.

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Sonia y Caro fueron a visitar a Alfredo a su casa en Avellaneda, y siguieron charlando sobre sus recuerdos de los clubes de remo del Riachuelo y las tardes de verano en las playas de Puerto Piojo.

Camarógrafo de profesión, Alfredo nos pasó las cintas en 8mm filmadas en sus años de remero, que sobrevivieron al tiempo, y alguna inundación, en la buhardilla donde instaló su estudio.

Hasta entonces, era el único testigo que habíamos conocido de aquél balneario, el más esquivo de todos los que conocíamos.

De orillas y límites

Juliana Ceci dio clases de artes plásticas en una escuela cerca del Riachuelo, en Villa Fiorito, y en sus recorridos por la zona fotografió e hizo grabados, entre otras cosas, de los matorrales de ricino de sus orillas -una planta exótica, ajeno al ecosistema del lugar-, e indicadora de la contaminación.

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“Las exploraciones subrayan el contraste entre el Riachuelo, repleto de asentamientos y deshechos contaminantes, y el Paraná [abordado por la artista Viviana Macías], con sus márgenes e islas verdes; pero también señalan límites y puntos de contacto. Marcan los confines geográficos realmente existentes -el Matanza-Riachuelo separa la capital del sur del conurbano-, anotan la divisoria entre la vida y la muerte a causa del estado ausente, plantean la frontera entre la acción artística y su registro”

Victoria Verlichak, para la muestra De orillas y límites. Dupla, 2011.

http://bit.ly/1Ava7yK

“El paisaje es así: una vaca, un charquito con petróleo, un caballo, una pila de envases de plástico, una manadita de gansos, un basural”.

Una crónica de La Nación recorría a fines de los ’90 las últimas zonas de Dock Sud donde se preservaba el entorno semi-rural de las quintas: “un campo con pústulas urbanas”, según lo describía la nota.

Las zonas costeras de Avellaneda, como Puerto Piojo, se vieron transformadas desde fines del siglo XIX por la instalación del Puerto de Dock Sud, la progresiva llegada de industrias al Polo Petroquímico desde los años ’30, y por la apertura de la Autopista Buenos Aires – La Plata, que trazó una frontera entre la costa y el resto del territorio, dificultando su acceso y aislándolo del reso del municipio.

“Y aquí mismo, en lo que fue alguna vez una colonia agraria -que en realidad es mucho más Villa Dominico que Dock Sud- se cultiva vid. Se hace vino patero. El sendero se derrama en una espuma verde de niebla. El vino intenso de esta zona es nombrado con respeto: Vino de la costa. Las damajuanas de cinco litros se venden a ocho pesos. Desde las casas de chapa acanalada llega el ahogo de un cuartetazo. Los viñedos y frutales crecen sobre el barro gris, sobre la tierra que no parece capaz de alimentar a nadie. Los quinteros más tradicionales son Don Sebastián, los Cereceto, los Parodi y Los Mellizos. En la quinta de Los Mellizos una mujer enmascarada con anteojos de aumento se apoya en una escoba y sonríe”.

Incendio en Puerto Piojo

En la Biblioteca del Congreso, Caro Andreetti encontró más rastros de la historia.

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El 28 de junio de 1984 un buque petrolero descargaba combustible en el polo petroquímico de Dock Sud, frente a Puerto Piojo, cuando de repente estalló en llamas y dio comienzo a un incendio que se extendería a lo largo de 11 días y pondría a toda la ciudad de Buenos Aires en uno de los mayores riesgos de catástrofe registrados en su historia.

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En las primeras 24hs, la temperatura llegó a niveles demasiado elevados para permitir el ingreso de los bomberos a un radio de varios centenares de metros alrededor del buque.

El riesgo de que el fuego llegara a propagarse a un tanque de petróleo crudo ubicado frente al puerto, y conectado con muchos otros depósitos de petróleo y combustible, obligó a los bomberos a mantenerlo enfriado rociándolo con agua a lo largo de los 11 días que duraron las tareas de rescate.

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El incendo del Perito Moreno produjo una explosión que llegó a sentirse hasta más de 20km de distancia, y una llamarada que superó los techos de los edificios del Puerto, Dock Sud e Isla Maciel.

“Yo hasta los diez años iba a nadar en el río”

Otro de los testimonios que nos ayudaron a imaginar cómo habrá sido Puerto Piojo fue una entrevista a Antolín Magallanes en la revista Mancilla, quien lleva años trabajando e impulsando proyectos en La Boca con distintas organizaciones del barrio, y hoy es Director de Relaciones Institucionales de ACUMAR.

Antolín rescata escenas de la vida del Riachuelo, animado por su puerto, en tiempos de su apogeo industrial, y de una costa del Río de la Plata poblada de playas y espacios de paseo, que fueron visitados durante gran parte del siglo XX por muchos de sus vecinos, que dieron lugar a “expresiones genuinas de felicidad plebeya”, como las llama, y que acabaron por desaparecer,  a veces sin dejar rastros, como  sucedió con Puerto Piojo.

No a la entrega de la Costa

Otra de las líneas que nos propusimos seguir fue la historia de la costa del Río de la Plata, de la que Puerto Piojo formaba parte.

Así, conocimos a los grupos de vecinos y activistas que vienen resistiendo desde hace años a la privatización de distintos sectores de las márgenes de los ríos, tanto en la zona norte como en el sur de Buenos Aires.

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La resistencia apunta a la progresiva cesión de espacio público de las orillas a empresas inmobiliarias, o comerciales, que recuperan terrenos por lo general abandonados, al costo -dicen- de restringir el acceso a los habitantes de sus alrededores, y el contacto con el agua y el espacio verde.

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En Bernal, un grupo de vecinos viene reuniéndose desde hace años para oponerse a un proyecto de construcción de un nuevo barrio de viviendas de lujo, la Nueva Costa del Plata, al que sus impulsores llaman “el Puerto Madero del sur”.

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La costa de Quilmes y Avellaneda se tornó casi invisible para la mayoría de los habitantes de la ciudad, y aparece abordada como un tema de urbanismo y desarrollo, después de décadas de olvido, bajo la forma de una oportunidad de negocios para la inversión inmobiliaria orientada a las clases altas.

(más información en: http://noalaentregadelacostaqa.blogspot.com.ar/)

“¿Paisaje familiar, verdad? Y sin embargo, las apariencias engañan. Esto no es el Delta, es un rincón poco conocido, a 5 minutos de Plaza de Mayo”.

Puerto Piojo - noticiero

En un documental sobre el Riachuelo, realizado por Producciones Galaxy, encontramos una breve noticia extraída de un noticiero cinematográfico.

Eran imágenes de una zona de playas ubicadas en la zona de Dock Sud, que supusimos habrían sido filmadas a fines de los ’50, o principios de los ’60. Y estábamos casi seguros: mostraban un día soleado en Puerto Piojo.

Pero no teníamos ningún dato sobre la procedencia de las imágenes. Ni sus autores. Ni, sobre todo, el lugar preciso donde habían sido filmadas.

Puerto Piojo en un poema de Sergio Raimondi

En Bahía Blanca ubicamos otro de los lugares también bautizados alguna vez como Puerto Piojo.

Sergio Raimondi, el poeta bahiense, escribió sobre él:

BLAKE, WILLIAM

Si quien llegara al muelle de Puerto Piojo
y más allá en todo sentido de las lanchas
que retornan de quién sabe qué riacho
pero en principio en la acepción acotada
que involucra la distancia en el espacio,
viera el más que extenso galpón de Cargill
y tuviera que volver a verlo para advertir
que hoy es inclusive más extenso que ayer,
no fuera un empleado municipal dormido
sino un vate capaz de percibir el porvenir
y seguir sin inconveniente una dinámica
que escapa al resto de los simples mortales,
vería… ¿Qué vería? ¿Con qué lengua vería
lo que vería? ¿Vería también esa lengua
que ha de venir? ¿Y cómo podría comunicar
lo que ha de venir en una lengua futura
sin que su verso se confunda con el timbre
de estas gaviotas que sin parar de girar
chillan como presas de extremo desvarío?

Sergio Raimondi (de “Diccionario crítico de la lengua” (inédito), tomado de acá: http://bit.ly/1E1ueY0

El arroyo del Piojo

En nuestra búsqueda nos encontramos con la historia del arroyo del Piojo, como se llamó durante el siglo XIX a un curso de agua que atravesaba el barrio de La Boca hacia el centro, por donde hoy corre la Avenida Almirante Brown, y que en realidad se trataba del antiguo curso del Riachuelo, que originalmente no desembocaba en La Boca que conocemos hoy, sino que seguía adelante, tras hacer un giro, y continuaba en paralelo a la costa del Río de la Plata antes de llegar a él a la altura de San Telmo.

El nombre del arroyo no parece tener ninguna relación con el Puerto Piojo de Avellaneda.

“… con mayor precisión, Cerviño, en 1814, muestra con claridad la antigua boca casi cegada y su relación con la nueva. El canal antiguo fue conocido en el siglo XIX como arroyo del Piojo. La isla del Pozo, que lo conformaba, emergía cubierta de sauces frente a las playas de la ciudad hasta la altura de los altos de San Pedro, para luego continuar hacia la ciudad, sumergida, notablemtne ya a la altura de Retiro. Sauces y pajonales ocultaban la actividad de los barcos, haciendo del banco un lugar ideal para el contrabado.” (El color del río, Graciela Silvestri, 2012)

Puertos piojos

Fuimos descubriendo que el Puerto Piojo de Buenos Aires no era el único lugar del mundo bautizado así.

Playas chicas, puertos pobres, bahías olvidadas.  En Santa Fe, Bahía Blanca, Trelew, Olivos, Valencia: muchos lugares del mundo llevaban ese nombre.

Pero una canción de Zitarrosa parecía recordar al Puerto Piojo de los muelles de carga y los frigoríficos de Dock Sud.

“Milonga del delegado que andaba por Mataderos,
entre playas y corrales, sirviendo a los compañeros”.

“El gremio lo acompañó de Liniers a Puerto Piojo,
vecinos, pibes y viejos enfrentando el desalojo”.

La tumba de Domínico

Cuando empezamos a investigar sobre Puerto Piojo nos preguntamos por aquella zona costera del Río de la Plata, que baña la ciudad de Buenos Aires, pero se continúa hacia el sur en una zona de orillas de la que muy poco se habla en los últimos años, y de la que Puerto Piojo parecía ser una de sus primeras  apariciones.

La Tumba de Villa Dominico

De a poco, empezamos a conocer la historia de Avellaneda y Quilmes, y de sus zonas costeras, alguna vez habitadas por barrios de quintas, que cultivaban frutas y verduras, pobladas por inmigrantes italianos que producían vino extraído de su “uva chinche”, y hasta pescaban en el río.

En el blog de “La tumba de Villa Dominico” encontramos un recuento de aquellas historias, reunidas por un vecino del barrio, que se dedicó a entrevistar a otros vecinos, nostálgicos de sus bares y personajes.

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Matanza

El Riachuelo es un río que cambia de nombre al cruzar la frontera entre la ciudad de Buenos Aires y la Provincia. Después del límite marcado por la General Paz, pasa a llamarse Matanza, y abandona su paisaje urbano-industrial, para abrirse a zonas cada vez menos densas en cuanto a población, y más dotadas de los rasgos de las zonas rurales, con explotaciones agrícolas ubicadas en sus márgenes, y vastas zonas de territorio sin urbanizar.

Este video fue filmado por un grupo de exploradores en la zona de los bosques de Ezeiza, en la Cuenca Media del río, a unos 30km de la desembocadura en donde se ubica Puerto Piojo.

En aquéllos parajes el río mantiene la frescura que lo caracterizaba antes de que la industria y la ciudad avanzaran sobre sus orillas, y que, según dicen, siguió conservando en las playas de Puerto Piojo.

Expediciones en el Café de Proa

En marzo de 2014 la Oficina Proyectista respondió a la invitación de la Fundación Proa, para presentar proyectos de intervención artística en su Espacio Contemporáneo, ubicado en el Café de su último piso, en la terraza con vista al Riachuelo y los barrios que lo rodean.

Así nació Expediciones a Puerto Piojo, una propuesta de investigación sobre la historia de Puerto Piojo, quizás la última playa de la ciudad de Buenos Aires que, según rumores, había seguido abierta al público hasta mediados de los años ’70.

¿Cómo era Puerto Piojo? ¿Dónde estaba ubicado? ¿Quiénes lo visitaban? ¿Existía todavía?

Estas fueron las primeras preguntas que nos hicimos.

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(Dibujo: Sonia Neuburger)

Nos propusimos buscar información y testimonios sobre el lugar. Y propusimos mostrar nuestros resultados en Proa, junto a una intervención que volviera visible lo que el paso del tiempo había hecho olvidar casi por completo.

Todos nuestros esfuerzos se orientaron a conocer más sobre la historia de Puerto Piojo.

Finalmente, la propuesta resultó seleccionada para realizarse en el Café de Proa en marzo de 2015.

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Carolina Andreetti es artista visual, performer, videasta y remera.

Es, también, integrante de Expediciones a Puerto Piojo.

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En 2011 realizó Derrotero entre canales, el registro de sus navegaciones por los canales de los barrios de Puerto Madero y Rodrigo Bueno, en Costanera Sur.

“Estas acciones devienen en la construcción de dos miradas distintas, la traducción personal de dos modos de vida, de dos culturas del agua aparentemente incomunicables en el plano de la dimensión simbólica”.

expedición.

(Del lat. expeditĭo, -ōnis).

1. f. Acción y efecto de expedir.
2. f. Excursión para realizar una empresa en punto distante. Expedición militar, naval, científica.
3. f. Conjunto de personas que la realizan.
4. f. Excursión colectiva a alguna ciudad o lugar con un fin científico, artístico o deportivo.
5. f. Despacho, bula, breve, dispensa y otros géneros de indultos que dimanan de la curia romana.
6. f. p. us. Facilidad, desembarazo y prontitud en decir o hacer.
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“Le decíamos Piojo’s Beach”

“Ahora se conoce como Puerto de Aguas Profundas. Pero a cualquier persona de mi edad que viva por acá le decís: “Vamos a Puerto Piojo” y te van a decir ‘¡¿ah, conocés Puerto Piojo?!’. Sí, cómo no van a conocerlo. Puerto Piojo, la Escollera Norte. En esa época era un pantano atrás del puerto de la Dársena Inflamable, y después estaban las playas. Entre la playa y la Dársena Inflamable había que cruzar un camino de unos doscientos metros de árboles naturales, talas, bajitos y espinosos, muchos arbustos. Había de todo, ratas, víboras, arañas, pero si no las molestás no te molestan”.

(Alfredo Rodrígez, entrevista en revista Crisis, nr. 11, septiembre de 2012)

“Había una playa ahí mismo”, juran. “Le decían Piojo’s Beach”.

Empezamos a investigar cuando la Oficina Proyectista  nos invitó a organizar una muestra para el espacio “experimental” de Proa, y quisimos hacer algo relacionado con el río, esa postal acuática desplegada en Vuelta de Rocha.

En enero de 2014, muchos de nosotros veníamos trabajando en distintos temas relacionados: videos de salidas a remar, fotografías de las orillas, dibujos de sus plantas, investigaciones sobre su historia.

Estuvimos dando vueltas hasta que encontramos una historia guardada dentro de otra historia. Alfredo Rodríguez contaba en una entrevista para la revista Crisis sobre sus días de  remero, cuando salía con sus amigos a entrenarse en las aguas del Riachuelo, en los años ’60 y ’70, en botes con los que competían en regatas con clubes del Tigre y otros lugares.

Alfredo hablaba de su amor por el agua, de su pasión por los remos y de las tardes de sol compartidas con sus amigos en un río poblado de buques y chatas.

Y en un momento, recordaba una playa rodeada de árboles y pastizales, ubicada en Dock Sud, más allá de la Dársena Inflamable. Se llamaba Puerto Piojo y nosotros decidimos investigarla.